Aunque ya lo escribí ayer (bueno, era casi igual) hoy lo dejo aquí, para no perderlo.
Nuestras peleas son como riña de gatos.
Tus uñas dejan marcada mi piel.
Me hieres, te hiero. Arañazos.
Maullamos y enseñamos los dientes.
Luengo ronroneo a tu lado
para poder lamerte las heridas.
Música: http://www.youtube.com/watch?v=ZWkIqNSiMbQ
"Y si fuera mi vida una escalera me la he pasado entera buscando el siguiente escalón"
Visitas
martes, 21 de febrero de 2012
Riña de gatos (Propio)
domingo, 19 de febrero de 2012
Siracusa Bravo Guerrero - Poeta (o mejor, Persona).
Hoy voy a atreverme a recomendar a alguien. No suelo hacerlo, lo hice con el post de los cantautores, pero más que dar nombres quise poner en valor un género que, tal vez por desconocimiento, creo que tiene "mala prensa". En fin, que ahí voy.
El caso es que un día paseando por una conocida librería me encontré con un libro delgado pero con un diseño que me llamó la atención. Era de poesía. Es un género que me gusta aunque no voy comprando libros de poesía por donde voy (soy más consumidor en webs y cosas así) pero aún así me lo compré. Lo devoré en un momento. Es sencillo, tan poco son tantas hojas. Pero desde entonces sigo comiéndomelo en pequeñas dosis. Deteniéndome en cada uno de los versos que componen cada uno de sus poemas. Digiriendo. Curiosamente el libro se llamaba "Indigesta". Enseguida me compré el siguiente, "De cómo Peter Pan me quitó demasiado" y lo disfruté tanto como el anterior. Y lo sigo haciendo.
Ambos libros son de Siracusa Bravo Guerrero y podéis acceder a su blog desde los enlaces que tenéis aquí a la derecha. Se trata de poesía, pero no esperéis complicados versos, ni poesía convencional de la que se estudiaba en los colegios. De verdad creo que merece la pena que os acerquéis a ella y os quitéis prejuicios.
Tres muestras. Dos de indigesta y la última del siguiente libro:
Solo quiero que me quieras,
quizás
para no quererte yo
---------------------------------------
Marcas
No tengo palabras lo suficientemente afiladas
como para arañarte la espalda
y dejártela marcada
para siempre.
---------------------------------------
Voy a leerte El Principito
una vez más
a ver si aprendes,
de una vez por todas,
que las flores
son más complicadas
de lo que crees.
jueves, 16 de febrero de 2012
Cansado (1:14 AM)
El siguiente texto tiene al menos 6 años. Lo escribí en un momento, en tiempo real, en 3 minutos. Por eso está sin trabajar, sin apenas depurar y es bastante tosco. No pensaba que hoy me acordaría de el, pero aquí está. Saludos.
No estoy dolido ni decepcionado. Estoy cansado.
Me considero una persona fuerte y leal. Procuro hacer pocas preguntas y darme sin exigir nada a cambio. También escucho y lo hago poniendo en el otro toda mi atención. Cualquiera de tus problemas me parece enorme simplemente porque es tuyo. Intento ofrecer mis consejos pues es lo más valioso que tengo. Amo, como todos, pero a amo con mi alma y con mi corazón, no con los ojos. Es cierto, me enamoro con facilidad pero no olvido rápidamente. Nunca pretendo jugar pues el corazón es frágil y, en ocasiones, se rompe como un cristal. Si en alguna rara ocasión entrego mi corazón tan sólo pido que me lo devuelvan intacto. Todo eso soy yo. O así me lo parece.
Y ahora estoy cansado.
Cansado de amigos que se van y me dejan atrás sólo porque saben que estaré aquí cuando vuelvan.
Cansado de tener que tragar con mis problemas porque los tuyos siempre me parecieron los más importantes.
Cansado de que ellas me cuenten cuanto quieren a ese chico que apenas conoces, ese que ni siquiera las mira. Cansado de desear que las miren para, al menos, verlas sonreír.
Cansado, también, de recoger los pedazos de un corazón roto para devolverlo entero. Dispuesto a volverse a partir.
Cansado de escribir y callar lo más importante.
Estoy cansado, es cierto, pero pasará y mañana me volverás a encontrar aquí. Solo necesito dormir y descansar. (1:17 AM)
No estoy dolido ni decepcionado. Estoy cansado.
Me considero una persona fuerte y leal. Procuro hacer pocas preguntas y darme sin exigir nada a cambio. También escucho y lo hago poniendo en el otro toda mi atención. Cualquiera de tus problemas me parece enorme simplemente porque es tuyo. Intento ofrecer mis consejos pues es lo más valioso que tengo. Amo, como todos, pero a amo con mi alma y con mi corazón, no con los ojos. Es cierto, me enamoro con facilidad pero no olvido rápidamente. Nunca pretendo jugar pues el corazón es frágil y, en ocasiones, se rompe como un cristal. Si en alguna rara ocasión entrego mi corazón tan sólo pido que me lo devuelvan intacto. Todo eso soy yo. O así me lo parece.
Y ahora estoy cansado.
Cansado de amigos que se van y me dejan atrás sólo porque saben que estaré aquí cuando vuelvan.
Cansado de tener que tragar con mis problemas porque los tuyos siempre me parecieron los más importantes.
Cansado de que ellas me cuenten cuanto quieren a ese chico que apenas conoces, ese que ni siquiera las mira. Cansado de desear que las miren para, al menos, verlas sonreír.
Cansado, también, de recoger los pedazos de un corazón roto para devolverlo entero. Dispuesto a volverse a partir.
Cansado de escribir y callar lo más importante.
Estoy cansado, es cierto, pero pasará y mañana me volverás a encontrar aquí. Solo necesito dormir y descansar. (1:17 AM)
martes, 7 de febrero de 2012
Esa Carta (Texto propio)
Ayer fui a un concierto de Luis Ramiro (www.luisramiro.com) y allí nos presento una de sus nuevas canciones. En esa canción hay una frase que me hizo acordarme de uno de mis viejos textos y me apetece compartirlo con todos. En concreto la frase dice algo así como "guardaré todos los sellos de las cartas que no te mandé" (más o menos) y precisamente de eso va este texto que escribí hace un montón de años. Perdonadme si queda muy pastel pero entonces era más joven, enamoradizo y escribía mal. Ahora ya no soy tan joven.
Esa Carta
Me he enamorado de ti, ¡menudo gilipollas!, no sé como ha podido pasar, lo juro. Me había prometido que no sucedería otra vez, tan solo tenía que verte como una compañera, como una amiga en el mejor de los casos. Pero una mirada tuya, un saludo cuando nos cruzamos por los pasillos o simplemente la sonrisa que asoma a tu boca...
Tú boca, en tú boca he imaginado mi nombre una y mil veces, he soñado que haces una declaración de amor que nunca he alcanzado a oír y he leído en tus labios promesas que nunca has llegado ha hacerme. En tus ojos, al despedirnos, he visto el brillo que produce el amor cuando sabe que el día no ha terminado para nosotros, que seguiremos amándonos cada uno por su lado seguros de que, al día siguiente, nos volveremos a encontrar. ¿Es posible que todo lo haya imaginado?
Sé que nuestro amor es imposible, que en realidad apenas me conoces. Es verdad que me saludas, que te ríes conmigo cuando hago alguna idiotez, que hemos hablado, pero, en realidad nunca nos hemos dicho nada mas que un - ¿qué tal, cómo te va? - de esos que se sueltan para romper el hielo y empezar una conversación que llene los vacíos hasta que llegue alguien con un tema interesante que nos permita olvidarnos de que tu y yo somos dos extraños en un pasillo. También sé que estás comprometida, que no sabes que yo no lo estoy y que en realidad no te interesa. Jamás se te ocurrirá preguntármelo.
Todo eso lo sé y ya ves, aquí estoy con esa carta que siempre escribo y nunca envío. Que lleno de palabras bonitas, de promesas de amor eterno y de palabras nunca dichas, de sueños y esperanzas. En esa en la que vuelco mis sentimientos simplemente para leerlos y, después, arrugarla.
Aquella carta que no necesita sello porque te la llevan mis ojos cada vez que te miro, esa carta que grita mi corazón cuando te acercas y que callan mis labios cuando hablamos. Aquella carta que no firmo y que como tantas otras dormirá en el fondo de la papelera hasta que un día me de cuenta que ya no son cartas, que son vidas perdidas que el miedo y la vergüenza se han llevado para no traerlas nunca más.
Esa Carta
Me he enamorado de ti, ¡menudo gilipollas!, no sé como ha podido pasar, lo juro. Me había prometido que no sucedería otra vez, tan solo tenía que verte como una compañera, como una amiga en el mejor de los casos. Pero una mirada tuya, un saludo cuando nos cruzamos por los pasillos o simplemente la sonrisa que asoma a tu boca...
Tú boca, en tú boca he imaginado mi nombre una y mil veces, he soñado que haces una declaración de amor que nunca he alcanzado a oír y he leído en tus labios promesas que nunca has llegado ha hacerme. En tus ojos, al despedirnos, he visto el brillo que produce el amor cuando sabe que el día no ha terminado para nosotros, que seguiremos amándonos cada uno por su lado seguros de que, al día siguiente, nos volveremos a encontrar. ¿Es posible que todo lo haya imaginado?
Sé que nuestro amor es imposible, que en realidad apenas me conoces. Es verdad que me saludas, que te ríes conmigo cuando hago alguna idiotez, que hemos hablado, pero, en realidad nunca nos hemos dicho nada mas que un - ¿qué tal, cómo te va? - de esos que se sueltan para romper el hielo y empezar una conversación que llene los vacíos hasta que llegue alguien con un tema interesante que nos permita olvidarnos de que tu y yo somos dos extraños en un pasillo. También sé que estás comprometida, que no sabes que yo no lo estoy y que en realidad no te interesa. Jamás se te ocurrirá preguntármelo.
Todo eso lo sé y ya ves, aquí estoy con esa carta que siempre escribo y nunca envío. Que lleno de palabras bonitas, de promesas de amor eterno y de palabras nunca dichas, de sueños y esperanzas. En esa en la que vuelco mis sentimientos simplemente para leerlos y, después, arrugarla.
Aquella carta que no necesita sello porque te la llevan mis ojos cada vez que te miro, esa carta que grita mi corazón cuando te acercas y que callan mis labios cuando hablamos. Aquella carta que no firmo y que como tantas otras dormirá en el fondo de la papelera hasta que un día me de cuenta que ya no son cartas, que son vidas perdidas que el miedo y la vergüenza se han llevado para no traerlas nunca más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)